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Grandes Sinopsis del 2009: FETISH

Hola amigos!

 

Bueno, no pensaba actualizar ya hasta marzo por lo menos, pero es que llegó algo tan bueno el otro día a mi librería que no he podido evitar compartirlo con vosotros, aunque sea en un post breve.

 

Por estas fechas empiezan a asomar ya las primeras novedades del año, con calma todavía (aun no es plena locura de Abril) pero ya calentando motores para Sant Jordi.

 

Claro que hay formas y formas de calentar motores.

Y sin duda, el estilo de nuestra amadísima editorial EL ANDÉN consigue llegar siempre a nuestros corazones, al tiempo que causa estupefacción en propios y extraños.

 

La nueva novela pertenece al género thriller-policíaco y viene firmado por Tara Moss.

Se llama FETISH y, raro en los muchachos de El Andén (ya les conocemos por esas portadas sin título, o esa aspirina-pirata gigante de El Asesino del Bien) resulta que la cubierta está más que correcta:

                                                            


Sí sí, no era una ironía. Me parece una portada atractiva, y muy acertada, tanto relacionada con su título como con el malo de la novela (un psicópata conocido como El Asesino del Tacón de Aguja - ¿será travesti?).

Yo me quedé sorprendido cuando la vi, me dije: coño, a lo mejor estos muchachos por fin han empezado a editar cositas decentes, o que al menos parecen decentes!!

 

Pero por supuesto, era demasiado bonito para ser verdad.

He aquí la primera parte de la sinopsis de FETISH:

 

"Siendo alta, rubia e increíblemente guapa, no es ninguna sorpresa que la canadiense Makedde Vanderwall sea modelo. Lo que sí es sorprendente es que sea tan espabilada, o que la moda no sea para ella más que algo provisional [...]"


¡Ay! Es que estaba clarísimo. Desde que el mundo es mundo, todos hemos sabido que las chicas listas son más feas que picio y las guapas, y rubias por añadidura, tontas del culo. Lo que pasa es que el feminismo y todas esas monsergas siguen de moda y hay que aparentar.

 

Lo más cachondo es que la autora, en múltiples entrevistas, ha explicado varias veces el sentimiento de prejuicio al que se ha enfrentado por haber sido ella misma una atractiva modelo. Intuyo que no le han traducido la sinopsis en castellano que se han marcado los colegas estos de El Andén.

Y yo me pregunto, inquieto: ¿qué pasa por la mente de un editor que mira el producto final justo antes de sacarlo al mercado y se encuentra con que han hecho ésta sinopsis? ¿Sonreirá? ¿Se dirá: "joder, qué provocativo e iconoclasta soy" para acto seguido empezar a masturbarse pensando en sí mismo? ¿Se dará siquiera cuenta?

 

En todo caso, un punto más para El Andén, que empieza a destacarse en la loca carrera por llevarse el premio a la Más Jodida Editorial del 2009. Y estamos aún en Febrero!!

 

En fin, a cuidarse amigos!

 

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El Arte de Joder una Sobrecubierta (parte II)

 

Hola amigos! Como ya comentamos en el anterior post sobre este asunto, joder una sobrecubierta no es ciencia: es arte. Hay que estar muy bien entrenado, hay que dominar la técnica de soltarla bien gorda, pero sobretodo, hay que llevar en el alma unas gotas de genio, una chispa de magia, esa chispa que logra que uno se ría más mirando una portada que viendo el film Manos, The Hands of Fate pasado de marihuana. Si en el anterior episodio hablamos de las innumerables traducciones de algunos títulos y las sobrecogedoras biografías de los autores, hoy nos centraremos en tres aspectos tanto o más esenciales a la hora de cazar una buena mala novela en medio de esas mesas preñadísimas de novedades. A saber:

 

1) EDICIONES Y EJEMPLARES VENDIDOS:

Este punto es breve, pero no carece de cierta ironía. El otro día llegó a mi librería un nuevo título de la impagable ViaMagna (que pegaron el pelotazo con El Testamento Maya… y aún están buscando otro pelotazo parecido. Sin éxito). Ante mis asombrados ojos resaltaron las palabras 3º EDICIÓN!!!. Como soy de natural inquisitivo, me pregunté: pero si esto es una novedad que ha llegado hoy… ¿cómo cojones llevan ya tres ediciones? ¿La habrán vuelto a cagar en el almacén y hace seis meses que salió? ¿Acaso mi librería es como Hobbiton, que soy inmune a lo que pase fuera y a nadie le importa un pimiento lo que pase dentro?

Luego rebusqué en la primera hoja y ahí estaba:

1ª edición, octubre 2008.

2ª edición, octubre 2008.

3ª edición, octubre 2008.

¡Ah, golfos! ¡Es que hicieron las tres ediciones del tirón! Es lógico. Cuando, como editor, apuestas por un título que se perderá en la marea de las noventa mil novelas anuales que se publican en el nunca suficientemente valorado campo del thriller, o te buscas la vida o no te comes los turrones en la empresa. Supongo que alguna mente genial pensó: mierda ya, pa que voy a hacer una edición de tres mil ejemplares si puedo hacer tres tacadas de mil y marcarme tres ediciones na más llegar. ¡Arraso seguro!

En un arranque de generosidad y apoyo a tan brillante idea he puesto una pila de esa novela en el centro mismo de mi mesa de novedades de género. Como se vendan todas me hago una camiseta con el logo de ViaMagna.

Aparte de eso, también me guardo en el tintero esta idea para el día en que, desesperado, me autoedite mis novelas. Pero como a cojones no me gana nadie, voy a hacer una tirada de 1000 ejemplares repartida como Dios manda: a 500 ediciones de 2 ejemplares cada una. Aunque me gaste una fortuna en parar y encender la máquina de los huevos, una novela con más ediciones que El Caballero de la Armadura Oxidada tiene que hacerme rico por narices.

 

2) LA OPINIÓN DE LA CRÍTICA:

Opiniones de la crítica especializada (o no) las hay a cientos. Las mejores de ellas, ineludiblemente, acaban en la (contra)portada de aquellas novelas que necesitan un empujoncito.

Encontramos diferentes tipos de crítica o declaraciones, que pasamos a resumir:

·         El periódico de turno: Suele tener nombre inglés, y suele ser una versión pobre del que conocemos aquí. Entiendo que cuando el New York Times dice “aterradora, apasionante, no te la puedes perder”, o la novela es buena (generalmente no) o al menos se han gastado pasta en untar al periódico de turno. Pero cuando comentarios tan vagos e inútiles como “Magnífica novela de enorme atractivo” (no es broma, este comentario es real, igual que los periódicos que vienen a continuación) vienen firmados por asombrosos periódicos llamados Buckinham Examiner; o St Louis Post Dispatch o (redoble de tambores) Peterborough Evening Telegraph… coño, ¡entonces es que ahí hay calidad de la buena! Yo creo que este último no se lo deben leer ni en Peterborough. Porque, seamos serios, su página web luce peor que la de La Voz de Castelldefels. Y, con todo el respeto, La Voz solo la leen en Castelldefels. Y menos de la mitad de su población.

·         El nombre que no dice nada: Cuando creen que lo del diario no va a colar, meten el nombre de algún tipo (también en inglés) al que conocen en su pueblo, esperando que el lector diga: ah, cuidao, que ésta la recomienda John Stampleton. Que dices: pues vale. Si lo dice John Stampleton, es que ha de estar bien. Luego te lees lo que dice el tipo en cuestión, y encima resulta ser una mierda de comentario. Claro que eso explica que nadie le conozca como crítico literario.

·         El crítico comparativo: Existen críticos osados que hacen del comentario literario todo un arte en lo que a mezclar nombres se refiere. La idea no está mal: si la novela te ha parecido más sosa que Tom Hanks en el Código Da Vinci, lo mejor es que no pierdas el tiempo poniéndole adjetivos: se notará que es mentira. Coge dos autores que vendan bastante y di que esa novela es una mezcla de los dos. Y allá cada cual con su interpretación. Esto a veces parece hecho de forma arbitraria, como en El Círculo de los Escribas (Romain Sardou) de la que dicen “mezcla la frialdad de Harlan Coben con la escenografía de Stephen King” (¿a qué se referirá con lo de la escenografía?), o llegando a veces a extremos delirantes como en La Ecuación Dante, donde rizan el rizo mezclando tres autores: Dan Brown, Neal Stephenson y otra vez Stephen King. Y que conste que no fusionó más escritores porque se quedó sin espacio. El día menos pensado encontraré una que diga: “el estilo de Bárbara Wood con lo mejor de Stephen King”. Y como me la encuentre, te juro que me la compro. En tapa dura.

En realidad esto da casi para un juego: consigue la mezcla de autores más cachonda. ¿Te imaginas el resultado de combinar “lo mejor de Helen Fielding con lo mejor de Tolkien”? Me muero por ver a Arwen obsesionada con sus kilos de más y a Aragorn engañándola con… Galadriel!!! Ah amigos, la diversión no tendría fin.

·         El hacedor de géneros: El Mezclador de Autores es un discípulo aventajado del Hacedor de Géneros. De estos hay pocos ejemplos, pero valen su peso en oro. En “El Lago”, de Steve Alten, encontré esta perla: combina una meticulosa investigación con una narración fascinante para alumbrar un nuevo género: el thriller histórico de ciencia ficción”. Y es que, amigos, en este perro mundo se ha inventado ya todo, así que lo único que nos queda es mezclar géneros hasta que nos estalle la cabeza. Siempre me consideraré un mierda a menos que consiga escribir una novela que de lugar a un género como el western policíaco romántico-histórico de terror futurista. Crear algo así se merecería el Nobel.

·         El entrecomillado porque me sale de los huevos: Existen también editores que combinan su labor literaria con un trabajo a media jornada en el Telepizza, de forma que se les escapan ciertas ideas o sencillamente no tienen tiempo para mimar algo tan importante como una buena-mala sobrecubierta. De modo que en vez de perder el tiempo buscando en Google un peregrino periódico de Minnesotta que de voz a una crítica, se marcan un entrecomillado por toda la cara sin autoría alguna. Como en la ya comentada “Las Máquinas de Dios”, de Jack McDevitt (sí, el de las vivencias con los extraterrestres) donde encontramos lo siguiente en la parte superior de la portada:

McDevitt nos brinda arqueología interestelar repleta de misterio, ideas hábilmente hiladas y una atmósfera cargada de tensión”.

Y tú te quedas ahí, preguntándote quién dijo eso (para pegarle) pero por vueltas que le des al libro, jamás encuentras al autor de la fechoría. Claro que yo también me escondería.

·         El soso: Y en fin, luego existen aquellos comentarios cuyos autores ni siquiera se han atrevido a pasarse por la editorial a cobrar los 30 euros que les pagaban por una frase suya en la portada. Porque, para decir: “Personajes convincentes y una historia trepidante se aúnan en este apasionante thriller religioso” (El Libro de los Nombres)… lo mejor era no decir nada. Que la tinta va muy cara. Os remito nuevamente al Generador de Tramas de Novelas de Dan Brown. ¿No es glorioso que un programa humorístico pueda generar de forma aleatoria comentarios exactos a los de muchas novelas reales?

 

LAS SINOPSIS ATERRADORAS:

En este blog ya hemos tenido ocasión de analizar frase por frase algunas de las mejores sinopsis de la historia de la literatura. Pero no nos engañemos: llegar a ese nivel es gesta al alcance de sólo unos pocos bendecidos por los dioses. Los demás redactores se han de conformar con breves chispazos de genialidad, atacando diferentes aspectos clave de las sinopsis:

·         Meter todos los tópicos que puedas: sobretodo una secta, y un secreto que “cambiará el curso de la humanidad”.

·         Usar todos los adjetivos posibles que corten el aliento: os desafío a que perdáis tan solo diez minutos en una librería mirando sinopsis de thriller y encontréis las siguientes palabras repetidas menos de tres veces: aterrador, misterioso, enigmático, trepidante, peligroso, inquietante. Si lo lográis, me como el blog.

·         Acojonar al personal: Para esto basta con dos o tres preguntas inquietantes en la portada en plan ¿Qué terrible secreto esconde el papel de plata donde Jesucristo se envolvía el bocadillo? Algunos redactores suben un peldaño más y escriben amenazas de nivel, como en La Décima Clave, de Antonia Corrales. Atentos:

La Décima Clave es una novela, pero todo lo que en ella ocurre podría estar sucediendo ahora mismo”.

¡Joder! ¡Acojona, tronco, acojona! Parece escrito por el rapado de Está Pasando.

 

Luego existen aquellos redactores gandules que ya no saben qué inventarse y optan por un estilo telegrafista, como en La Conspiración de los Herejes, de Jonathan Rabb:

 

Asia Menor, siglo VI: La secta maniqueísta desaparece.

Bosnia, 1992: Pearse, un estudiante de teología, mantiene una intensa relación con una joven croata.

Roma, hoy: Un manuscrito codificado llega a manos de Pearse. Llevado por la curiosidad hace traducir el documento. El manuscrito contiene una oración maniquea: El maniqueísmo ha perdurado con el claro objetivo de eliminar el catolicismo e imponer una nueva fe.

 

¡Corred, católicos! Me pregunto qué pinta ahí la joven croata. Y sobretodo, me pregunto cómo llega el redactor a la conclusión de que el maniqueísmo ha sobrevivido con el claro objetivo de eliminar el catolicismo. ¡Si sólo ha encontrado una oración en un manuscrito! Parece que lo haya escrito un avezado conspirólogo como Jiménez Losantos.

 

En fin, amigos, ya veis todo lo que pueden dar de sí las dos tapas de cartón que encofran una novela. En este análisis hemos obviado un elemento clave: las portadas. Pero es que una portada, generalmente, o es buena, o es sosa, y por lo tanto menos risible. Cierto que hay algunos diseños de portada desconcertantes (comentaremos alguna en un artículo de próxima aparición sobre las peores editoriales del siglo XXI) y que algunas series, como todas las de Marian Keyes, parecen hechas a propósito para provocar ataques epilépticos, pero en general, el rey indiscutible de las Portadas Acojonantes es el género romántico duro… y de esto hemos hablado (y visto) ya bastante. Además, quien diga que no le gustan las portadas con maromos cachas descamisados, es que es un mamón.

 

A cuidarse amigos!

 

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El arte de joder una sobrecubierta (parte 1)

 

Hola amigos! Lo malo de estar en periodo pre-campaña de Navidad es que no puedes leerte más que el 1% de todo lo que llega a tu librería. Lo bueno, es que para compensarlo te meriendas casi toda la información de las sobrecubiertas: sinopsis, biografías de los autores, etc. ¡Y ahí hay un filón! El lector habitual, aquel que en vez de preguntar “qué me recomiendas” (suponiendo que ese desconocido librero tiene el don de la adivinación) se molesta en gastar ATP cogiendo el libro con sus propias manos y leyéndose la sinopsis a ver si la novela le interesa… ese lector, digo, se debe enfrentar a veces a contenidos tan desconcertantes como hilarantes. Aquí no vamos a desgranar punto por punto sinopsis sobrecogedoras como la de El Aviso, pero sí que vamos a hacer un escueto repaso a las gambadas que uno puede encontrarse al leer la abundante (y generalmente inútil) información que los redactores de las editoriales tienen a bien imprimir en las sobrecubiertas. Porque así como dicen que hasta el rabo, todo es toro… también hasta las solapas, todo es literatura. Jodida, como no podía ser de otra forma.

Para no hacerlo extra-largo y pesado de leer, lo partiremos en dos bloques: hoy, Traducciones y Biografías de autores.

 

LAS TRADUCCIONES:

Y es que este apartado me fascina. Generalmente, contra más cutre es la novela, a más idiomas la han traducido. Pero es que no estamos hablando de siete u ocho idiomas, ni quince ni veinte. “Traducido a treinta y ocho idiomas” (Steve Berry, El Tercer Secreto). Pero a ver: ¿existen tantos idiomas? Bueno, ya sé que existen, pero ¿existen tantos idiomas en países donde el grueso de la población sepa/pueda leer? ¿Qué interés tiene para un editor publicar El Tercer Secreto en swajili o amárico? O mejor aún: ¿¿qué interés puede tener la gente de Etiopía en tener que aguantar a Steve Berry?? El caso de este hombre aún tiene más gracia en la edición de bolsillo de otra de sus novelas: La habitación de Ámbar, de la cual dicen “se ha traducido a cuatro decenas de idiomas”. Me gusta eso de tratar los idiomas como si fueran huevos en el supermercado. Ya me imagino el estilo de compra compulsiva en librerías que nos depara el futuro: “Hola, ponme media docena de traducciones de Steve Berry y cien gramos de Dan Brown. Y córtamelo finito, en capítulos bien cortos, por favor”

  Luego tienes aquellas cosas incomprensibles, como que traduzcan Harry Potter al latín. Y encima van, y desde el Vaticano la declaran obra inspirada por el Diablo. Les está bien a los de Salamandra. Por listos.

 

 

LAS BIOGRAFÍAS ACOJONANTES:

Otro aspecto interesante de las sobrecubiertas son las magníficas biografías resumidas que los editores consideran esenciales para nuestro conocimiento.

Por ejemplo, está demostradísimo que a la hora de escoger un libro, un factor esencial para el lector es conocer la residencia actual del autor. Saber que Richard Cox vive en Tulsa, Oklahoma, no es cosa baladí. ¿Para qué irse de luna de miel a Egipto o Tailandia y perder el tiempo descubriendo culturas milenarias cuando podrías estar en Tulsa, Oklahoma, pidiéndole a Richard Cox que te firme un ejemplar de bolsillo de “La partícula divina”?

 

En otras ocasiones, parece que algún pobre redactor reciba el encargo (en una noche de borrachera) de resumir una biografía en tres líneas de hoy para mañana. Sólo así se explican textos como el que sigue:

 

"Es amante de la historia antigua, la mitología, la escritura jeroglífica y la fotografía, así como de la literatura y poesía inglesa de los siglos XVII y XVIII, inicia distintos viajes para documentarse para escribir El Proyecto Galilea" (Mayte Para Torres - El proyecto galilea,

Viamagna).

Dejando de lado la belleza de la expresión “es amante” (sinónimo de “no tiene ningún tipo de formación al respecto pero le gusta”), nunca he visto biografía más dispersa. Es como si yo te digo que soy amante del tocino, del sushi, del fútbol, que me gustan las pelis de Johnny Deep y que los domingos por la tarde me rasco la nariz. Todo ello información inconexa y sin utilidad alguna. Salvo descubriros a todos que soy un capullo. Por otro lado, me gustó eso de que ha viajado mucho para documentarse para la novela. Como si el mismo redactor fuera consciente de su nula credibilidad e intentara romper una lanza a favor del autor.

 

            Luego tienes aquellas biografías que no sabes cómo tomarte:

 

"Ha ejercido como profesor, ejecutivo de una empresa multinacional, esquiador profesional, promotor inmobiliario, criador de caballos, y, ante todo, aventurero. Hastiado de una vida demasiado convencional, finalmente se decidió a dedicarse a su verdadera vocación: escribir novelas" (Dan Chartier - La Maldición, Star).

 

¿Pretendía el redactor ser irónico? ¿Creativo? ¿Es tan aburrido el libro que la mejor parte es la biografía del autor? ¿O sencillamente el tipo que escribió eso ni siquiera estaba prestando atención? Mierda, YO si que tengo una vida convencional. Por otro lado ¿qué coño le pasa a Dan Chartier? De profesor de secundaria a yuppy de una multinacional, luego lo dejo para dedicarme a esquiar, más tarde jodo vidas vendiendo antros a precio de palacios, de ahí me dedico a criar caballos porque me siento un John Wayne de la vida, y al final me lanzo a vivir aventuras porque mi ídolo mediático es Miguel de la Cuadra Salcedo. Con dos cojones.

Aunque ahora que lo pienso, no es nada malo ser fan de De la Cuadra Salcedo. Quedaría de vicio en una portada de novela de La Cueva de Ellora:

 

También están aquellas biografías que parecen ir bien hasta que te la joroban con un último apunte totalmente fuera de lugar.

 

"Nació en Oregón y creció con sus siete hermanos en California, donde pasó horas y horas leyendo las novelas de autores como Forsyth y Ludlum. Estudió medicina y se especializó en pediatría. Actualmente es el pediatra general del Los Angeles Children’s Hospital. En su obra despliega sus conocimientos profesionales, así como su experiencia médica en la selva de America Central. Una de sus aficiones es la música y toca varios instrumentos." (Philip Hawley – Estigma, Plaza Janés).

 

Dejando de lado que me importe un carajo si tenía siete hermanos o treinta y dos (parece del Opus) ese apabullante currículum médico queda desgraciado en un segundo con el comentario musical. Hasta entonces te lo imaginabas salvando heroicamente vidas de niños. Después, te lo imaginas tocando la trompeta en un paso de Semana Santa de tu pueblo, vestido de romano, con una escoba en la cabeza y una armadura de plástico. Así no hay quien le tome en serio a uno.

 

Otros redactores gustan de escribir esas biografías en momentos de gran estupefacción por THC o en pleno viaje de ácido. Atentos a estos dos fragmentos de la biografía de Jack McDevitt (autor de Las Máquinas de Dios) que encontramos en la última página de la edición de Puzzle Bolsillo:

 

[…] McDevitt es un autor a la antigua usanza, de esos que ha vivido primero y, ya en su madurez, ha plasmado sus experiencias por escrito […]”.

Considerando que la novela de McDevitt va de unos exploradores espaciales que buscan una raza alienígena desaparecida por toda la galaxia, se me plantea un terrible interrogante: ¿¿pero qué vivencias ha tenido este hombre?? Vamos, que no es precisamente un Kerouac contando lo bien que se lo pasaba todo el día montado en un camión rumbo a México.

Luego tienes la segunda parte de la biografía:

[…]Tres son los pilares básicos de su obra: la sensibilidad con que aborda personajes y argumentos, la perspectiva – esa perenne búsqueda de una respuesta al enigma - , y el enigma en sí que, por lo general, responde a la voluntad de ofrecernos una visión – nueva y cautivadora – de los temas que han hecho grande la cf”.

¿Qué ha querido decir con eso?

No, en serio.

¿Qué cojones ha querido decir con eso?

 

Para terminar, tenemos aquellas biografías que son sencillamente un disparate. Sólo las pueden haber escrito tres tipos de personas:

1)       El hijo del editor, de trece años.

2)       Un redactor al que ya le han dado la carta de despido.

3)       Un cachondo.

 

Si no os lo creéis, juzgad:

 

 

"Se licenció en administración de empresas en la Universidad de Texas. Sus libros se aferran a ideas verdaderamente grandiosas. Actualmente reside en Tulsa, Oklahoma." (Richard Cox - La Partícula Divina, Vía Magna).

 

¿Esto a qué viene? Estoy por ponerlo en mi currículum:

·         Residencia: Barcelona

·         Experiencia laboral: Librero

·         Aficiones: Aferrarme a ideas verdaderamente grandiosas.

 

¡Magnífico! ¿Ves como era importante saber que Richard Cox vive en Tulsa, Oklahoma? ¿Realmente quieres perderte la oportunidad de que te firme un libro alguien que se aferra a ideas verdaderamente grandiosas?

 

En fin, hasta aquí llegamos hoy. En la siguiente entrega, más destellos de genialidad en las sobrecubiertas: Los Ejemplares Vendidos, La Opinión de la Crítica, las Sinopsis Aterradoras.

 

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Trece Runas (al fin cayó el libro)

 

Hola amigos. En principio no pensaba hacer otro repaso novelístico, más que nada porque lo último que he leído no sólo es bueno sino magnífico, y porque mi último hallazgo, Trece Runas, de Michael Peinkofer, estaba resultando mejor de lo que mi malpensada y prejuzgadora mente suponía. Pero ah, el final del libro es tan apoteósico que no he podido evitarlo.

            La sinopsis ya prometía. Imagínate: un thriller ambientado en Escocia, una hermandad secreta que quiere (cómo no) dominar el mundo (o algo por el estilo), Walter Scott, William Wallace… ¿se puede pedir más? Sólo faltaba un Highlander Apasionado por en medio para hacerla perfecta. Y casi sale.

            Podría hacer un repaso de personajes o un esquema por puntos de la trama, como otras veces, pero no me apetece. Prefiero, en cambio, haceros un resumen de los momentos apoteósicos que joden una novela que, por lo demás, habría estado entretenida.

            MOMENTO APOTEÓSICO 1 - Walter Scott como personaje: Ya no es que sea plano. Es que es tan listo, guapo, noble, bondadoso y majo, que te hace sentir una mierda como persona.

            MOMENTO APOTEÓSICO 2 - Quentin se destapa: Quentin es el sobrino bobalicón de Walter Scott. Pero su personaje evoluciona a lo largo de la novela hasta convertirse en alguien tan adorable y útil para el mundo como su tío. La cantidad de frases que se emplean en la novela para que Walter exprese su sorpresa y admiración por cómo mejora Quentin son tantas que más que un tío parece un representante.

            MOMENTO APOTEÓSICO 3 – Lady Mary de Egton: Todas sus apariciones son estelares, porque es incluso mejor que Walter Scott. Es tan buena que ama más a los sirvientes que a los señores. Media novela se la pasa sonriendo y amando a las clases populares. El mejor momento llega cuando abandona la fiesta que su prometido da en su honor en el castillo y se va a las cocinas a una fiesta de los lacayos donde hay verdadera diversión y baila con todos. Yo creo que esa escena la sacó de Titanic, cuando la Winslett se va con el DiCaprio a la fiesta de gaitas de tercera clase.

            MOMENTO APOTEÓSICO 4 – El abad Andrew esconde algo: El Abad Andrew es un monje viejuno que lamenta mucho la muerte del ayudante de Walter Scott, pero que no le puede decir nada más porque hay secretos milenarios que no pueden saberse – dijo Andrew con una mirada misteriosa. Cojones, le lanza tantas miradas misteriosas que parece que quiera que Walter Scott le saque la información a hostias. Tan sagaz que parecía…

            MOMENTO APOTEÓSICO 5 – El malo más rápidamente detectado de la historia: El oficial británico Dellard es malo. Tranquilos, no os he jodido la sorpresa. Lo ves desde su segunda intervención. Porque después de cada escena en que aparece Dellard hablando con Scott, aparece luego una de los sectarios haciendo el gamba en un círculo de piedras reproduciendo íntegramente los contenidos de esa conversación. El autor no quiso pasarse de sutil… y acabó con la sutilidad y elegancia de un asesino con hacha.

            MOMENTO APOTEÓSICO 6 – Mel Gibson es…: Braveheart!!! Sí amigos. ¿Para qué vamos a hacer un thriller histórico basándonos en datos documentados cuando tenemos una maravillosa película de la que coger información? Así las cosas, todo lo que se dice de William Wallace en esta novela está sacado de la peli. Todo lo que es mentira, además. Empezando por las noventa y ocho veces que en el libro se dice que el mote de Wallace en la época era Braveheart. Ha sido aún más cutre que cuando el prota de los 36 Hombres Justos buscaba información fiable en la Wikipedia.

            MOMENTO APOTEÓSICO 7 – Tengo cultura celta: El autor se daba cuenta de que estaba quedando un poco mal en cuanto a bagaje cultural. Su mujer le debió decir: cariño, tu novela empieza a oler a memez, ¡haz algo! Y lo hizo. Cogió un párrafo y metió cinco palabras en cursiva en gaélico, seguidas de su correspondiente explicación, en medio de la narración. El equivalente a una patada literaria en los cojones del lector.

            MOMENTO APOTEÓSICO 8 – Los monjes guerreros: Quizá con vistas a una adaptación cinematográfica dirigida por John Woo, los monjes venerables y ancianos de esta novela en realidad son una especie de ninjas que reparten ostias con unos bastones cada vez que los malos aparecen. Hacen coreografías de lucha y saltan desde los tejados haciendo volteretas. Lo juro. ¿Van Damme en el papel de Abad Andrew?

            MOMENTO APOTEÓSICO 9 – Love is in the air: Desde el principio, sabes que Lady Mary y Quentin se enamorarán y acabarán juntos. Pero claro, pasa toda la novela, y sólo se han visto una vez, estás confuso, te dices: joder, a ver si al final no se liarán. Pero no amigos. Los grandes escritores tienen siempre recursos geniales. Por ejemplo, que Mary y Quentin vuelvan a encontrarse en el último capítulo del libro, apalizados por los malos, Quentin diga que no permitirá que le hagan nada (lo cual incumple) y ella hunda su rostro en el hombro de él y diga, textualmente: Te amo, eres mi héroe. ¡Frase para enmarcar! “Eres mi héroe”. ¿Cuánto hace que ninguno de vosotros había leído esa frase que ya ni usan en las pelis de Disney?

            MOMENTO APOTEÓSICO 10 – Eres el rival más débil: Hay malos malísimos y malos malísimos. Este es de los malos, en el sentido de inútil. Como personaje, es un criajo consentido, cejijunto, estrecho de miras y un borracho de marca mayor. Pero se supone que es la mente maestra detrás de toda la organización. Así les va, claro. Esa escena final la leí ayer en la cama, antes de dormir, y cuando el malo se quita la máscara solté una carcajada y un “no me jodas” que oyeron hasta los vecinos. Jamás un malo había sido tan cutre.

            MOMENTO APOTEÓSICO FINAL – Deus ex Machina: No soy de los que critican a muerte la utilización de un Deus ex Machina para resolver situaciones jodidas. Vale que en general es cutre, pero si se hace con gracia, puede estar hasta bien. Pero que durante toda la novela Walter Scott y su sobrino anden por Escocia poniendo trabas a los sectarios, que los monjes ninjas aparezcan varias veces para aniquilar a los malos, que Mary de Egton demuestre valor y fortaleza… para que al final, en el momento estelar, el malo levante la Espada Rúnica y entonces le caiga un puto rayo que lo deja frito, ah, amigos, ¡eso marca el paso del thriller a la comedia! Sobretodo porque ni siquiera había tormenta, que estaban ahí los sectarios todo locos mirando el eclipse de luna.

            En fin, que la novela se deja leer, y te haría pasar un rato entretenido si no fuera por esas mamarrachadas que al final te hacen arrepentirte de haberte gastado ocho euros. Por suerte para mí, no la compré sino que me la dejaron. Claro que me la dejaron como “muy bien documentada, ya verás”. Ya he visto. No sé si fiarme más. Claro que sobre gustos…

 

            ¡A cuidarse amigos!

 

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Cómo escribir un buen Thriller... II

 

Hola amigos. Últimamente ando jodido de tiempo y no he podido actualizar el blog cuanto quisiera. Por otro lado, todo cuanto he leído los últimos días (Amèlie Nothomb, Quim Monzó, Arto Paasilina) se me ha antojado buena literatura, incluso un thriller tan denostado como El Péndulo de Foucault (sí, es pesado y pedante pero… qué pedazo de libro y de burla). Así las cosas, no tengo entre manos ningún desastre literario que comentar, y mira que han salido.

De todos modos, y antes de que caigan en mis manos joyas como “Trece Runas” u otras cuantas más que tengo fichadas, pienso que valdría la pena hacer un Máster en Redacción de Thrillers. Entendámonos: lo que habíamos comentado en entradas anteriores eran los fundamentos. En esta segunda entrega vamos para nota.

Has escrito tu thriller, has acojonado al personal y obtenido fama internacional. Se te saluda como el nuevo maestro de la intriga, y en tus portadas, en la parte de abajo, te citan como “el nuevo Dan Brown”, “la nueva Mary Higgins Clark” o algo que se le parezca. Ahora debes dar un paso al frente y asombrar al mundo con trucos innovadores y giros sorprendentes. Por ejemplo:

· El tema clónico: Aunque parezca una paradoja, ser original no sirve para una mierda. La originalidad es un recurso vulgar que sólo utilizan aquellos escritorzuelos carentes de visión comercial y de sentido del espectáculo. La clave de tu éxito está en coger aquel tema que se ha puesto de moda, y darle tu particular visión del asunto. Imagina que ha triunfado una novela sobre el calendario y las pirámides mayas y el fin del mundo por culpa de un asteroide. ¡Qué idea tan genial! ¿Para qué perder tiempo pensando algo diferente? Coge el calendario, coge las pirámides, y sin perder tiempo en buscar una base (a lo sumo, haz un par de búsquedas en la Wikipedia) sustituye un efecto dramático por otro. Por ejemplo, que el fin del mundo lo provocarán unos alienígenas que primero le enseñaron a los indígenas el arte de la construcción y luego decidieron fulminarnos. O que el calendario maya predecía la Segunda Venida de Cristo, que por supuesto la Iglesia ha encubierto. O que el mismo Jesucristo construyó las pirámides mayas porque era un alienígena. ¡Hay tanta acción aún por narrar!

· El prefacio misterioso: Es fundamental preparar al lector para lo que va a encontrarse entre las páginas de tu libro. No sea que le de una embolia. Por ello se recomienda siempre escribir un “prefacio” donde se especifique que aunque la historia en sí es pura ficción (hay gente que se creería de verdad que el Cristo Maya era un alienígena) ciertos elementos, que especificarás en función de tu libro, son reales. Eso dejará al lector con una inquietud en el cuerpo que sólo la lectura de la novela podrá saciar. Y no pasa nada si esos elementos tampoco son verdad: sólo lo comprobarán los cínicos, y como todo el mundo sabe, los cínicos son pobres y no tienen amigos.

· La trilogía: Si tu novela ha tenido un éxito arrollador, ¿por qué conformarse con hacer un solo libro? ¡Escribe una trilogía! Ni dos ni cuatro: tres es el número mágico-cabalístico de la gloria literaria. Da igual que el tema no de más de sí o que no tengas nada interesante que contar: la oportunidad de ver a tu héroe deslizarse por mil páginas de persecuciones, escarceos con la protagonista tetuda y capítulos cortados de forma dramática no la puedes dejar escapar por nada del mundo. Cuando te hagan una entrevista, di siempre que desde el principio habías planteado tu obra como una trilogía. Aunque no sea estrictamente cierto, sabías ya antes de nacer que tu talento no podía encorsetarse en una única entrega.

· El amigo informático: Renovarse o morir. El thriller del siglo XXI debe pasar, en algún momento, por la red. Pero debe estar escrito para legos, no sea que alguien te meta, equívocamente, en el desagradable grupo de la ciencia-ficción. Lo suyo es presentar a un secundario humorístico, loco de los ordenadores, que lleva gafas, le gusta Xena la princesa guerrera y no tiene novia. Explicarás que es un hacker bueno, de los que van reventando sistemas con la sana intención de advertir a la NASA de sus fallos de seguridad. El protagonista hará búsquedas por el Google, y encontrará las respuestas en la primera página de enlaces. El hecho de que La Secta enemiga no haya encontrado en Internet esa información crucial se debe a que ellos no tienen un amigo informático, ya que como todos sabemos, los hackers son ateos. Y además, suelen morir durante el desarrollo de la novela.

· Las lenguas extrañas: Al lector le encanta pensar que está aprendiendo cosas mientras lee tu libro. Por eso es recomendable utilizar la mayor cantidad posible de términos incomprensibles en la lengua muerta o viva que mejor convenga, siempre en cursiva, y seguida de su traducción entre paréntesis. Las más idóneas para esto son el árabe, el chino, el hebreo y el maya. Recuerda que los mayas no hacían sacrificios humanos cuando el calendario lo indicaba, sino que después del Holcan Okot (baile ritual) invocaban a Kakupakat (Dios de la Guerra) y sacrificaban a alguien cuando lo indicaba el tzolkin (calendario). Que no te preocupe el hecho de que ese trozo de novela parezca más un pedante ensayo que un fragmento narrativo: has puesto Cliffhangers de sobra en todo tu escrito como para que eso no aburra al lector. Y de paso has quedado de puta madre.

· El bueno-malo y el malo-bueno: Esta parte estará integrada en el clímax de la novela y garantizará el aplauso emocionado del lector. Consiste en un juego sutil según el cual, el personaje que parecía malo durante toda la novela, tocándole los cojones al prota, interrogándolo o echándole a los perros encima, resulta ser bueno y desinteresado. Acostumbrará a ser un policía, y es recomendable que salve al protagonista en el último segundo disparando al malo por la espalda. También puede ser miembro de esa segunda secta que aparecía aquí y allá de forma desconcertante. Y como no hay verano sin calor, ni hortera sin transistor, de la misma forma en que el “malo” se convierte en “bueno”, es vital que un “bueno” se convierta en “malo”. Como eres genial, no has dado, en todo el libro, ni una sola pista sobre la malevolencia del villano, así pillas al lector desprevenido. Suele ser un personaje secundario cercano al protagonista, un protector, un familiar, un amigo de toda la vida… Y las motivaciones… ¿a quién le importan? Usa lo primero que se te pase por la cabeza, desde una afrenta de los años escolares a la mera locura por el poder. Lo importante es el shock traumático del lector al ver al héroe traicionado por un ser querido.

Porque, en el fondo, todos desconfiamos de nuestros seres queridos. Escribir tu thriller no sólo aporta entretenimiento: previene al lector del peligro que representan la familia y los amigos. ¿Cuántos de esos cabrones sonrientes están esperando a pegarte la puñalada con algún oscuro y milenario propósito?

Escribir un thriller no es sólo espectáculo.

Es una labor social.

A cuidarse, amigos.

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Los 36 Hombres Justos

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Hola amigos. Hace unas semanas acabé de leer un thriller al que le tenía ganas desde que salió: Los 36 hombres Justos, de Sam Bourne. No he colgado nada en muchos días básicamente porque me he trasladado a otra ciudad por motivos de trabajo y entre unas cosas y otras, lo último de lo que tenía ganas al llegar a casa era explicaros un libro malo, pero ahora que estoy descansado, me siento con energía suficiente para ponerme un rato. 

Y es que es malo. ¡Ah, Dios! Pero no malo de esa forma que te cae bien y te hace reír, como en 616 Todo es Infierno, sino malo a secas. No tiene ni gracia. Yo que sé, a mí me ha frustrado un poco ver que más de cinco años después del estallido Código Da Vinci aún siguen editando novelas que se estructuran exactamente de la misma forma. Me refiero a que cumple con todos los tópicos del género. Entremos un poco en materia. 

Will Monroe es un joven y prometedor periodista del New York Times. Está obsesionado con el trabajo, porque ha entrado por enchufe y quiere demostrar que vale su peso en oro. Así que se olvida hasta de la prueba de fertilidad de su mujer, que no lo manda a tomar por culo con la suficiente vehemencia. Él chico, dale que dale, sigue investigando asesinatos que queden chulos en el periódico. El primero de ellos es un macarra, conocido proxeneta de la zona, al que el asesino ha tapado con una manta después de cepillárselo. Todo un detalle, eso es cierto. Yo por lo menos, si me apuñalaran, me encantaría que me tapasen luego con una manta pa no pasar frío mientras me desangro. Bueno, Will sigue hurgando en la noticia y descubre que aunque era un chuloputas y un mierda, una vez evitó que una mujer casada y con hijos se dedicara a la prostitución dándole todo lo que tenía en ese momento. ¿Por qué? Quizá estaba loco, pero no, NO, lo que pasa es que hizo “uno de los actos más justos que he visto en mi vida”. La palabra JUSTOS resalta tanto que hasta sangran los ojos. Ok, vale, ya se que la novela va de hombres JUSTOS, no lo había cogido por el título. Menos mal que me lo han aclarado. Pero habría más.

El chico sigue investigando más casos y lo que son las cosas, con la de asesinatos que hay en el mundo, sólo cubre aquellos en que el muerto era un tío mierda que una vez en su vida hizo un acto realmente bondadoso y sorprendente. Lo mejor de esos capítulos es cómo, al acabarlos de forma dramática, siempre lo hace con la declaración de algún conocido del muerto que dice “es el acto más JUSTO que he visto en mi vida”. Que no existen los sinónimos, digo yo. 

Llegado cierto punto la novela alcanza un ritmo trepidante a raíz del secuestro de la estéril mujer de Will. ¡Cagüendiez! ¡Ahora empieza la acción! En fin, no es plan entrar en detalles, hagamos un rápido resumen como la vez anterior:

1- Will recibe SMS de algún confidente anónimo, en forma de acertijos, crucigramas y sentencias bíblicas.

2- No puede llamar a la policía y su padre no sirve de gran ayuda, así que toma las riendas de la situación y va a la caza de los secuestradores. Con dos cojones.

3- Gracias a un amigo informático (¡siempre hay uno!) localiza a los secuestradores: los judíos ultraortodoxos hasidim de un barrio neoyorquino.

4- Los judíos medio reconocen que tienen a su mujer y le pegan una paliza de propina.

5- Will recurre a otras viejas amistades, como TC, una tía que está buenísima con la que salió en la universidad.

6- Will tiene continuas erecciones al hablar y rozarse con TC, seguidas de cierto sentimiento de culpa porque su mujer está secuestrada.

7- Sicarios siniestros persiguen a Will y TC, palmando mogollón de gente por el camino, mientras ellos resuelven crucigramas demenciales y estrechan el círculo de los hasidim.

8- Todo esto se prolonga hasta el infinito.

9- Al final, resulta que TC es judía hasidim también (de ahí que no conociera la música pop… y esto se cita literalmente en el libro).

10- Pero los hasidim son buenos. Protegían a la mujer de Will.

11- Lo cual no explica la paliza que le meten al principio.

12- Los malos reales son unos ultracatólicos que se creen sucesores de los judíos como pueblo elegido por Dios.

13- El malo malísimo es… ¡el padre de Will!

14- Will le pega un tiro a su padre.

15- Como colofón, descubre que quien le mandaba enigmas vía SMS era un redactor imbécil del periódico que antaño se había dedicado a los… crucigramas. 

Grande entre las grandes, esta novela es un despropósito que cuenta, además, con elementos de esos que causan regocijo entre los amantes de la mala literatura, a saber:

-Los capítulos no son más breves porque romperían las leyes de la física.

-Encontramos la mayoría de tópicos: el amigo informático, los buenos que parecen malos, los malos que parecen buenos, los cliffhangers al final de cada capítulo, las mujeres despampanantes…

-En un alarde de cultura, el autor intercala miles de expresiones en lengua hebrea que luego explica con paréntesis (mal) o en el mismo diálogo explicativo (¡peor!).

-Aunque la presunción de misoginia (los justos solo pueden ser hombres) pervive toda la novela, crees que al final se redime por el hecho de que la última justa sea la mujer de Will… pero resulta que a quien protegían era al bebé MACHO recién concebido en su vientre. ¡Quememos los sostenes!

-El heroe busca información fiable en la Wikipedia (fíate tú del New York Times).

-Los códigos cifrados en el Antiguo Testamento en realidad son coordenadas de GPS. 

Por no decir que el 90% de los crucigramas y enigmas que aparecen en el libro son resueltos casi por telepatía, porque es imposible que alguien llegue a las conclusiones a las que llegan los protagonistas con un CI medio.

En fin, así como recomendé la novela anterior por cutre-graciosa, esta no la recomiendo en absoluto, es aburrida de narices de previsible que es su imprevisibilidad. 

Volveremos a vernos pronto con una nueva sección con los personajes más cutres de la literatura. ¡Cuidaos amigos!

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616 Todo es Infierno

 

Este pasado 2007 salió a la venta una novela que seguía la estela de thrillers religiosos habitual desde hace tiempo. La portada se veía en llamas y el título brillaba amenazador entre ellas: 616 Todo es Infierno. El título causó auténticas carcajadas entre mis compañeros de la librería, la verdad es que sonaba a avance de especial de Iker Jiménez, todo muy amenazador, muy misterioso. Bueno, yo tenía que leerla antes o después, sabía que estaba destinado a ello, y hace unas semanas llegó a mi librería la edición de bolsillo. Trazando sabiamente un plan de ruta ejemplar, la leí después de A Sangre Fría, de Truman Capote, y antes de Elegía, de Philip Roth. ¡Con dos cojones!

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¿Qué puedo decir de esta magna obra? Empecemos por los autores. Autores, sí. Son dos. David Zurdo y Ángel Gutiérrez. Luego te lees el libro y dices: ¿pa qué coño lo habrán hecho entre dos? Si bastaba con media persona…

En defensa de los autores debo decir que no distinguimos unas partes mejores que otras: son todas igual de malas. Y ojo, que la novela es entretenida, ¿eh? Y la idea es buena, pero está cargada de tantos personajes inútiles y/o estereotipados, de repeticiones narrativas y de MAJADERÍAS que todas las buenas intenciones se ven eclipsadas por el horror. Pero antes de entrar en materia, añadiré algo sobre la biografía de los autores: escriben o han escrito en El Mundo y en la revista Más Allá. ¿Mola o no mola?

La novela arranca de forma genial: un jesuita de una orden secreta vaticana especializada en casos paranormales desentierra a un viejo cura muerto para hacer la “prueba del algodón” beatífica, y se encuentra con que el esqueleto tiene todos los huesos fragmentados y que con las uñas, en plena desesperación, grabó en la tapa del ataúd un mensaje: TODO ES INFIERNO. No sé a vosotros, pero a mí como mensaje me parecía una mierda. Aún así, es un comienzo prometedor. Pero ah, amigos, no es oro todo lo que reluce. Este arranque inquietante acaba derivando en una mamarrachada cuyos personajes principales son:

1- Una psiquiatra deprimente y muy hermosa cuyo hijo desapareció cinco años atrás.

2- Un viejo retrasado mental que por poco muere en un incendio buscando su “rosa”, que no es más que un palo seco clavado en una maceta.

3- Un bombero descrito unas cien veces como “honesto”, “valiente” y “bondadoso”, amén de atractivo.

4- Un jesuita JASP obsesionado con la verdad.

Encontraremos también un variado elenco de personajes inútiles mal empleados o de relleno, como por ejemplo:

1- Un cura de 106 años que no dice nada interesante.

2- Otro cura manipulador que tampoco dice gran cosa.

3- Un físico charlatán.

4- Unos amigos de la doctora, de sus tiempos de terrorista.

5- Un entrañable y ateo amigo informático.

6- Una puta cocainómana.

7- Un vagabundo generoso con el alcohol.

8- Un payaso loco.

9- Un cura loco que mezcla todos los idiomas del mundo.

Y un breve resumen de la novela (Sí, contiene spoilers, ¿qué os creíais?):

-El viejo subnormal es salvado por el bombero.

-El bombero va a visitarlo a menudo.

-El viejo mira su palo.

-El cura estudia casos donde los que están a punto de morir gritan “¡Todo es infierno!”, entre ellos la madre Teresa y Juan Pablo II. Eso le intriga.

-La doctora está triste.

-La doctora trata al viejo.

-La doctora y el bombero se conocen. Tres frases después se han enamorado.

-El cura descubre revelaciones aterradoras y de paso va de listo por el mundo.

-El viejo está poseído por Satán. La doctora es racionalista y no se lo cree. Ve más sensato pensar que un viejo retrasado mental es TELÉPATA.

-Pero no es telépata.

-Realmente está poseído por Satán.

-Satán le dice a la doctora que su hijo fue raptado por un payaso.

-Ella va y acuchilla al payaso.

-El jesuita habla con Satán y descubre unos manuscritos donde se revela que Jesucristo se acojonó en la cruz y por tanto Satán dominó el mundo.

-Como Satán le ganó la partida a Dios, TODO ES INFIERNO.

-La doctora muere.

-El payaso muere.

-El viejo muere.

-El bombero no muere y se hace cargo del hijo de la doctora.

-El cura se mete coca y se va de putas y al final empuja a una niña y se lo lleva por delante un camión.

-El cura muere, pero en el más allá ve al viejo retrasado que le dice que como ha hecho un hermoso sacrificio, Satán se ha vuelto bueno y Dios domina de nuevo el mundo.

-El cura revive y todos (los que quedan vivos) son felices.

Conclusiones a las que llega el lector:

1) Dios también pierde en las partidas de dados.

2) Los bomberos siempre ligan.

3) Los payasos son peligrosos.

4) Cristo está sobrevalorado.

5) En cambio, los jesuitas tienen los cojones cuadraos.

Bueno, fue toda una experiencia. Aunque en sí la historia no tenga ningún sentido, y se dejen en el tintero explicaciones importantes como por ejemplo por qué coño Satán domina el mundo por el hecho de que Cristo dude ante la cruz.

En realidad a mí la mayor duda que me quedó fue la frase del título. ¿Por qué dicen eso todos los que mueren? ¿Si te estuvieras muriendo y descubrieras que el más allá es todo fuego y azufre, dirías TODO ES INFIERNO? ¿No dirías más bien algo como “MIERDA” o “AAARGGH”?

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En fin, amigos, coñas aparte, al menos la novela está entretenida.

Nos vemos pronto.

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Cómo escribir un buen Thriller...

Hola amigos. En esta sección que inauguramos hoy vamos a ir recopilando toda una sarta de novelitas muy jodidas englobadas generalmente como… THRILLER. O “Intriga y misterio” para los castellanoamantes.

            Y es que estamos hablando de uno de los géneros literarios con más margen para decir chorradas que podemos encontrar hoy en día. Claro, si haces novela histórica y metes una cagada muy gorda, pierdes crédito. Con el género negro… en fin, su lector es bastante selecto, no puedes hacer el tonto. ¿Terror? Hay muy pocos realmente dotados, así que ni lo intentan, y menos sabiendo que el cine casi siempre les pasará la mano por la cara.

            Pero el thriller, ahh, el thriller, eso ya es otro cantar. Porque amigo, si tú te dedicas a escribir una novela de intriga, podrás decir y hacer casi cualquier chorrada que se te pase por la cabeza, y nadie moverá un músculo para impedírtelo. Es más, yo empiezo a creer que algunas editoriales incitan las gilipolleces, ya sabes, esa política de “si vas a soltar una animalada, suéltala gorda”.

            Hay una serie de elementos que un buen mal thriller no puede esquivar si quiere triunfar:

1)       El Título: Debe ser impactante, intrigante, y a ser posible usando el nombre de alguna personalidad famosa. El esquema vendría a ser algo así como “El (misterio / secreto / enigma…) de (personaje histórico que te salga de los huevos)”. A todos nos viene a la cabeza El Código Da Vinci, que efectivamente es el thriller bueno-malo por antonomasia, y que ha sentado escuela en esto de los títulos Enigma-Nombre, pero no nos dejemos engañar: Dan Brown es demasiado simplón como para inventarse él solito un género. Todo esto empezó ya antes de su Código.

2)       La Secta: Es fundamental que el protagonista/s sea perseguido por una secta muy jodida. A ser posible, serán masones, judíos, o templarios. Si le echas huevos hasta podrían ser cátaros. Y si no, te los inventas, y ya está, hombre, mientras les pongas algún nombre molón. Otro aspecto importante de esta Secta que elijas es que, esencialmente, son unos retrasados mentales. Porque siempre, siempre, tienen miles de años de antigüedad, llevan siglos buscando el objeto/documento perdido, y cuentan con las mejores personalidades de cada época en sus filas, amén de recursos ilimitados y sin embargo no son capaces de acercarse al objeto/documento hasta que el protagonista pone sus manos sobre ello de forma accidental.

3)       La chica: Ha de haber una chica. Esto es obligado. Y al final de la novela, el prota se la tiene que enrollar. Si no, su función en la novela es inexistente, salvo sacar al protagonista de algún atolladero puntual. Y da igual que no haya habido química entre los personajes a lo largo de las cuatrocientas páginas que dura tu tostón de thriller. Da igual que todas sus conversaciones hayan sido más impersonales que una entrega de papeles del paro en la oficina de empleo: si no se la enrolla, parece que al final le falte una pieza.

4)       Capítulos cortos: Otro aspecto importante, quizá no tan obligatorio como los anteriores, pero que seguro te ayudará a vender mucho. Y es que el escritor ha de considerar siempre que el lector es un subnormal que apenas llega para leerse el Marca o el Sport. ¡No le fuerces con capítulos largos! ¿Y si le reventara la cabeza? Lo idóneo son capítulos de dos-cuatro páginas como mucho, donde ocurra algo, lo que sea, aunque no tenga sentido, pero ha de pasar algo. Ni se te ocurra hacer un capítulo de transición donde los personajes sólo dialoguen entre ellos mientras van de viaje a alguna parte. ¡Mal! Haz que pase algo, y a ser posible, algo que quede pendiente al acabar el capítulo. Porque esa es otra parte importante:

5)       Cliffhangers: Cuando termines tu capítulo, la acción ha de ser trepidante y quedar cortada. De esta forma crearás en el lector una verdadera adicción, un “joder, ¿qué ocurrirá?”, le verás en el metro pasando como un poseso las páginas de tu novela. Nada engancha más que una acción cuyo desenlace se interrumpe al final del capítulo de forma dramática. Y da igual que usar ese recurso durante toda una puta novela destruya la mente y el ánima sumiendo al lector en un estado de agotamiento espiritual decadente: lo importante es que no deje de leer tu novela. Si ves que ni con toda tu energía consigues hacer que pase algo interesante, da igual, deja colgada una acción, aunque sea cotidiana, de forma dramática. Tal que así: […] y entonces, con un suspiro, John levantó la tapa del retrete, sintiendo que automáticamente todos los músculos de su cuerpo se tensaban ante la visión que tenía ante él. Estaba ahí. Después de tanto tiempo buscando, estaba ahí. (Fin de capítulo). (Y ahora, inicio de capítulo, al pasar la página) Estaba ahí. Después de todo un día buscando un retrete limpio donde evacuar, John pudo descargar a gusto y pensar en todo lo que había ocurrido hasta el momento […].

6)       La Iglesia: Last, but not least, la apostólica y romana no debería faltar nunca en un buen thriller. Da igual el papel que le des, desde protagonista a secundario ramplón, de buena a mala, de protectora de la Secta o del prota, de guardiana del secreto o buscadora… tu asegúrate de que la Iglesia salga por algún lado (especialmente en la contraportada, avisando de que “el objeto buscado podría destruir a la Iglesia en caso de salir a la luz”, aunque sea mentira) y tendrás asegurado un 25% más de ventas.


Estos son, a grandes rasgos, los elementos fundamentales. A partir de aquí, ya sabes, coge tu pluma o abre un nuevo documento de Word y líate la manta a la cabeza: ¡el futuro editorial es tuyo!



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