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Literatura Torcida

¿Llevas un libro gigantesco en el bolsillo o es que te alegras de verme?

Hola amigos!

Asumiendo que he fallado en mi misión de terminarme El Libro Sin Nombre (no hay huevos ni ganas para ello) ya me preguntaba si no escribiría nada en el blog hasta vete a saber cuándo… Pero siempre hay cosas por comentar, ¿a que sí? Yo tengo un par. Una me la guardo para la semana que viene, que quiero indagar un poco más, pero la segunda es una pregunta que hace meses que me ronda la cabeza. Y la pregunta es:

¿Por qué coño ahora todos los libros de bolsillo son GIGANTESCOS? Hace tiempo que vengo observando esto, (e incluso en este blog hemos hablado de ello) pero ahora que estamos en verano y llegan las nuevas campañas de bolsillo vuelve a asaltarme la curiosidad. Porque esa es la nueva moda: hacer libros de bolsillo casi más grandes que la edición en tapa dura, despojando así de todo su significado al término “bolsillo”. Porque, a menos que seas un canguro lector, o un gigante tipo Gargantúa, no se me ocurre cómo cojones vas a meterte esos libracos en un bolsillo.

No sabría decir quién empezó este nuevo formato, pero casi todas las editoriales se han apuntado a ello. Imagino que habrá oscuros pensamientos mercantiles detrás del asunto. Por ejemplo:

 

-¡Señor director! ¡Debemos hacer unos libros de bolsillo más grandes de forma que saquemos a patadas a la competencia de las mesas de novedades! ¡El futuro de nuestra empresa está en juego!

 

O quizá:

 

-¡Señor director! ¡En esta época de crisis el cliente necesita saber que se lleva algo gordo a un precio irrisorio!

-Pero, Martínez… ¡Eso disparará los gastos! ¡Tendrán que ser más caros!

-¡No no! ¡Usemos papel de water reciclado para las páginas y unas cartulinas compradas en China para las portadas, que nos las dejan a medio céntimo el millar!

 

O incluso:

-¡Señor director! ¡Los e-book están arrasando! ¡La gente está contenta de llevar en el bolso algo que no pesa una jodida tonelada y que no cabe ni a hostias!

-¡Martínez! ¡Éste es el momento de acabar de una vez por todas con el libro de papel que tantos gastos genera y que se me muere de asco toda la tirada en ese jodido almacén que tenemos perdido por ahí por Soria! ¡Hagamos libros más grandes, más caros y peores hasta que nadie los compre y se pasen todos al e-book!

 

Algo así supongo que puede haber ocurrido en bastantes editoriales. O quizá no. En todo caso, el resultado es que todo el mundo se ha liado a agigantar sus libros de bolsillo.

Random hace tiempo que se especializa en eso con los DeBolsillo Premium, llegando incluso a situaciones extremas donde el libro de bolsillo es igual de grande que la rústica (Un tipo encantador, de Marian Keyes, por ejemplo).

Planeta nunca pierde la oportunidad de sacarle los cuartos al cliente, por ejemplo, con los Booket Deluxe (no se llaman así, pero es que no me acuerdo ahora, en casa no tengo ninguno para investigar y en el curro no tengo tiempo y se me olvida). Así, La Sombra del Viento salió en bolsillo al mismo precio que la edición grande anterior: 14,50 euros. Con dos cojones. Sabiendo que tardaron unos siete años en sacarla, supongo que pensaron: vamos a hacer algo guapo. Y lo hicieron. Y la cara de la gente que fue ilusionada a buscar un libro de como mucho unos diez eurillos y se encontró ese timo, eso también fue algo guapo.

 

Ediciones B ha hecho algo parecido, pero peor. Porque si es de Ediciones B, casi seguro que será peor. Estos muchachos lo que han creado ha sido una campaña espectacular para que todo el mundo los odie siguiendo lo pasos que glosamos a continuación:

1)                          Eliminas la colección Byblos (que vale 6 euros, son libros pequeñitos, y un fondo activo muy interesante).

2)                          Lo dejas todo en formato Zeta Bolsillo (que era lo mismo pero en feo, el doble de grande y el doble de caro).

3)                          Entonces, reconviertes el formato Zeta Bolsillo meándote encima de los libros. Porque sólo la humedad puede explicar esos libros grotescamente hinchados. Antes, la saga de Ender, de Scott Card, ocupaba un palmo. Ahora, te ocupa todo el puto estante. En serio, son gordísimos, no entiendo por qué están tan hinchados. He tenido que devolver casi todas las crónicas vampíricas de Anne Rice porque ni siquiera me caben.

4)                          Para redondearlo, han traspasado al nuevo Zeta-Hinchado-Bolsillo parte del fondo, pero no necesariamente por orden. De forma que si querías leerte la saga de los Heeche de Frederick Pohl, sólo podías empezar a partir del segundo libro, ya que el primero aún no estaba hecho (ahora ya sí. Menos mal).

 

Alianza también se ha apuntado a la moda de agigantar sus libros. Con lo bonita que es su colección de bolsillo, insisten en sacar títulos en la colección 20x13, colección que, por cierto, lleva el nombre de las medidas del libro. Lo cual no deja de tener gracia. Es como si a una modelo, en vez de llamarla Claudia, la llamaran 90x60x90.

Hasta los de Punto de Lectura se han apuntado al carro. Uno podría pensar que después de experimentos peregrinos como esos libros impermeables que sacaron el año pasado, habían aprendido el arte de lo absurdo y nos habrían sorprendido este 2010 con alguna campaña estrambótica, pero no, fue flor de un día. Han vuelto a su aburridísima seriedad, según la cual consideran que no es necesario llamar a sus nuevos libros de bolsillo gigantes con ningún nombre especial. Se han limitado a hacerlos gigantes, y punto, sin explicación alguna. Y mira que tenían posibilidades: Puntazo de Lectura, Puntote de Lectura, Punto y Coma de Lectura… Por otro lado, pa la mierda de títulos que me han traído, bien se han podido ahorrar el nombre… y casi se podían haber ahorrado también la edición. Porque no sé vosotros, pero yo estoy hasta los cojones de que cada verano tenga que poner en mesa La Voz Dormida de Dulce Chacón. Yo creo que Dulce aún no había ni escrito el libro, que Alfaguara ya estaba editándolo en campañas de verano, junto con alguno de Pérez Reverte. Buenas obras, editoriales aburridas: mala combinación.

 

En fin, así está el mercado. La verdad es que es una cosa bastante molesta para el librero, porque nos pasamos la vida peleándonos para hacer hueco a unos libros y a otros, y que te vengan ahora todas las grandes editoriales en masa a ganarse ese sitio simplemente haciendo los libros más grandes, pues me parece muy cutre. No sé, quizá alguien podría intentar ganarse un sitio editando algo más interesante. Pero es sólo una idea.

En cualquier caso, para el lector es también una tocada de cojones. Supongo que algunos agradecerán que no haya una letra minúscula, pero lo cierto es que si te paras a comparar, la letra es casi igual que en estas ediciones gigantescas. O sea, que sólo te quedan las desventajas: incómodo de llevar, incómodo de leer en el metro, y más caro de lo que debería. Y de lo que posiblemente merece. Claro que aún podía ser peor: te podrían haber timado con un e-book. Que de eso ya hablaremos también otro día.

 

Bueno, es tarde y tengo a Ender el Xenocida esperándome en la mesilla. En edición Zeta-Hinchada-Bolsillo, por supuesto. Así que con vuestro permiso…

 

Hasta la semana que viene amigos!

 

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5 comentarios

antonia j corrales -

Querido de los queridos, tanto tiempo tú en volver a escribir para nosotros, tus vasallos literarios, una nueva entrada, como yo he tardado en leerte. Ya sabes vamos a la par en este mundo literario de libros hinchados.
Magnífica entrada, colega.
Ya sabes que queremos más eh!!!
A ver si te pongo un correo, porque ando que no paro, pero me acuerdo un puñado de vosotros.
Ni lo dudéis. Ah! si te contara, escribirías una entrada cojonuda

Eoghan -

Jajajaja una de las mejores frases que he leído ultimamente: "Te dicen que no tienes nada en el culo, y además te ponen una lavativa"

Bravo!! Y bienvenido, Donser!

Donser -

Para empezar, me encanta el blog. Después del peloteo de rigor, la opinión.

Tienes más razón que un santo. De verdad. O sea, tienes la edición supertocha de Los Refugios de Piedra, de Auel, y ahora, necesitas una maldita estatería a juego, o sea, de piedra, para sostener ese libro y la colección.

O la desfachatez de Un Mundo Sin Fin de Follet, en cartoné. Señores, si ya era un coñazo, pero tenías la excusa, la edición en tapa dura, ¿qué narices haces con un libraco de dos quintales en cartoné, que te va a ir escupiendo las páginas conforme las leas?

Desde luego, a la hora de joder al lector, precios desorbitados e impuesto de lujo aparte, son inventivos. Te dicen que no tienes nada en el culo, y además te ponen una lavativa. Con coca cola. Así, por joder.

Eoghan -

Hostia, es que aún no lo he visto! Estoy de traslado estos días y me he podido evadir.
Claro que Larsson es Destino, Destino es Planeta, y Planeta es la inventora de la desfachatez jejejeje

nuria roca -

Y que me dices del nuevo formato de Larsson, eso si que es estirar un best seller...
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