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Literatura Torcida

El peligro de presentar sin saber lo que estás presentando (o cómo el deseo de activar tu librería te puede llevar a darle cancha a un gilipollas)

 

Hola amigos, ya volvemos a estar por aquí. No es que hubiera pasado nada grave, pero la campaña de texto se había alargado hasta extremos desesperantes y aunque empecé un par de artículos, ninguno de ellos tenía la más mínima gracia.

De hecho, todo lo que escribía sobre la campaña, si algo tenía era irritación y mala hostia. Y si algo NO quiero incluir en este blog es, precisamente, la indignación, el mal humor, y las quejas perpetuas. Porque para eso, ya está el mundo lleno de clientes, e Internet, de blogs literarios culturetas.

Así que no escribía nada porque no tenía nada que decir, pero joder, la semana pasada me ocurrió algo que tengo que explicaros.

Veréis, los genios del marketing que tengo por jefes llevan meses apretándome las tuercas para que monte presentaciones de libros. Y yo sería el primer interesado (de hecho, hay un par de visitantes de este blog con los que tengo pendiente una presentación) si no fuera porque no me fío de la respuesta de mi librería. Está ubicada en una calle secundaria, sin salida, y para más jolgorio, delante de un parking de cinco plantas polvoriento y asqueroso. Aún así, incomprensiblemente, va entrando gente, cada vez más, muchas veces incluso hacemos el presupuesto, y las presentaciones que hemos ido montando han funcionado. Todas de no-ficción, por supuesto, porque La Cocina del Bacalao o un cuento infantil sobre la dislexia atrae a mucho más público que no una novela. Le pese a quien le pese.

En fin, que en esas andábamos cuando se nos presentó en la tienda un tipo de mediana edad, bien vestido, con un libro bajo el brazo. El libro era el Estado Perfecto (solo está publicado –por suerte- en catalán, y me ahorraré el nombre del autor. Buscadlo por ahí. Me lo ahorro no tanto por respeto, sino porque es el clásico personaje que se busca en el google a ver si alguien habla de él y de su libro… y aunque me importa un carajo si se ofende, no quiero perjudicar a mi librería). En sí, el pobre tipo sólo quería que se lo expusiéramos bien, a ver si se vendía, pero a nosotros, en plena vorágine monta-presentaciones, no se nos ocurrió otra que ofrecerle organizar una presentación. Y a partir de aquí, todo fue una cronología de despropósitos que enumero a continuación. En sí, lo que vais a ver ahora es un curso práctico de “Por qué no se puede montar una presentación de un libro que no conoces de nada”:

 

1)                           El autor se puso contento. Normal. Luego me enteré que había pasado por unas treinta librerías y en todas le habían dado largas.

2)                           Fijamos la fecha para al cabo de un mes y medio.

3)                           En ese mes y medio, cruzamos la friolera de casi treinta mails. Lo cual os parecerá poco, pero para concretar día y hora, creedme, es         MUCHÍSIMO.

4)                           El departamento de marketing nos hizo cambiar la fecha por motivos de… pues de marketing, supongo. Es decir, que ni ellos lo sabían.

5)                           Una vez cambiada la fecha, hubo que volver a cambiarla, porque el propio departamento de marketing había organizado unos cursos para profesores ese mismo día.

6)                           …Cursos que, por lo demás, no se realizaron debido a la nula asistencia.

7)                           A lo largo de ese tiempo, mis compañeros y yo nos ojeamos el libro. La portada es de rojos y amarillos, hay alguna estrella, y pone en grande EL ESTADO PERFECTO, EL LIBRO QUE CAMBIARÁ EL MUNDO. En la sinopsis decía algo como que el mundo es injusto del copón, que hay que redistribuir la riqueza, etc. Nos pareció lo suficientemente progre como para que nadie nos tocara los cojones, así que LUZ VERDE.

8)                           Entretanto el autor quería saber si estábamos haciendo una buena publicidad de su charla. “Claro”, le dijimos, “somos los primeros interesados, hay carteles, folletos, se ha hecho un mailing…”. A lo que él dijo “no no, esto ha de anunciarse a bombo y platillo, por radio y televisión”.

9)                           Claro, aún nos estamos riendo ahora. Quizá de verdad esperaba que pagáramos un anuncio en Telecinco o algo. Joder, solo por pedirlo, el tío se merecía un anuncio de 5 minutos en la media parte de un Barça-Madrid.

10)                       Cuando le dijimos que si no estaba conforme, podíamos anular la presentación (total, a nadie le importaban ni los carteles ni la pila de libros) se volvió un poco loco, que no hacía falta enfadarse, que el sólo preguntaba, etc.

11)                       Hubo que calmarlo.

12)                       Lo conseguimos.

13)                       Porque, pocos días antes de la presentación nos preguntó si sabíamos el número exacto de asistentes…

14)                       …que digo yo… ¿qué se creía? ¿Que vendíamos entradas? ¿Cómo cojones iba yo a saberlo?

15)                       Lo más grave es que SÍ lo sabía. Casi con total certeza, podía decirle que el número exacto de asistentes que habría en su presentación sería CERO.

16)                       Yo me temía un fracaso enorme. Porque, asumámoslo: el tema era de un interés nulo, y más considerando que la hacíamos un viernes a las siete de la tarde. Así que lié a todos los compañeros de trabajo para que vinieran “de paisano” (práctica que todos los que habéis montado presentaciones conocéis perfectamente). Mi jefa estaba tan angustiada que hasta se quiso traer a sus hijos. Tuve que hacerle entender que traer a dos niños de 6 y 8 años a una presentación sobre la injusta economía mundial era un castigo peor que dejarles sin Reyes Magos.

17)                       Si yo me temía un fracaso, el autor se temía a otro. Porque se trajo a toda su familia. De paisano. Lo juro.

 

Y aquí dejamos la cronología de los días previos y nos situamos en el mismo momento de la presentación, una hora antes.

 

            Trasteando con el libro entre las manos, me dio por leerme fragmentos de las últimas páginas. Caí entonces en un párrafo donde argumentaba, ciertamente indignado, que para un minero de asteroides de Júpiter en el siglo XXIII sería muy difícil sacarle rentabilidad  a su asteroide si las empresas patrocinadoras se quedaban con la plusvalía. Sí. Habéis leído bien.

            Ok, joder, seamos justos. Sí, llegará un día en que el hombre llegará al espacio de forma cotidiana, le sacará rentabilidad, y nos expandiremos de alguna forma. Sí, cuando llegue la verdadera era espacial para el hombre, el sistema económico ya habrá cambiado, porque con el actual no hay manera. Ok, lo que tu quieras. Pero mierda, reconoce que es muy cachondo abrir un libro de sociopolítica y que un pirao te hable de la difícil situación de los mineros de asteroides de Júpiter.

            Bueno, yo ya no sabía qué hacer, si tomarme una tila, volver al tabaco, pero en fin, qué más daba, quedaba una hora, el tipo estaba ahí, al llegar… lo olvidé todo y esperé entonces que NO viniera nadie.

            Cuando, de pronto, dos mujeres mayores maquilladísimas, perfumadísimas, enjoyadas y con abrigos de pieles se presentaron y nos preguntaron por la presentación.

            Y yo pensé: ¿pero qué cojones es esto?

            Luego llegó el hombre. Y los asistentes. Sala medio llena, lo cual era mil veces más de lo que yo esperaba. Y empezó la charla.

 

            En fin, resultó que según este autor, sí, el dinero mundial está muy mal repartido. Debería ser 30% para investigación, un 30% para los trabajadores y un 30% para el empresario.

 

            Los ojos se nos salían de las órbitas. La idea es simplista, amén de nauseabunda, claro, pero encima es que nosotros estamos sensibles con el tema porque estamos sin pagas extras por la crisis, así que…

            Bueno, ya os he dicho que la mitad de los asistentes eran compañeros del curro de paisano ¿verdad? Claro, hubo muchos que no se callaron. Y ante frases como “¿y a usted le parece normal repartir el 30% de la riqueza entre el 90% de la masa social, que son los trabajadores?” él sonreía, se encogía de hombros, y cambiaba de tema con una desfachatez como yo nunca antes había visto.

            Luego soltó otras perlas como que “había que acabar con la salud y la educación públicas”. U otras frases que cito en negrita y que son textuales, literales, exactas:

·         Lo público no es bueno, lo privado es mejor.

·         Nadie que pueda pagar un colegio privado lleva a sus hijos a un colegio público.

·         Yo, si pago para ir al médico, me atienden mejor que si no pago, y eso reconforta y me gusta.

Por sacar algo positivo de la experiencia, os diré que por lo menos se generó debate. Como a posteriori me dijo una de las asistentes que más caña le dio, “no podía dejar que se marchara creyendo que todos los que estábamos en la sala estábamos de acuerdo con sus asquerosas ideas”

 

Aunque sin duda, el momento estelar de la velada se dio cuando en un alarde de ceguera, le pidió al auditorio que nos hiciéramos eco de sus propuestas e ideas, diciendo que “con que mis ideas lleguen a un 3% de la población, ya habremos tenido éxito… pensad que con mucho menos… ¡Hitler llegó al poder! ¡Jajaja!”

 

¡Dios mío!, pensé. ¿Acaso le he organizado una presentación al Adolf Hitler del futuro? ¿Hemos oído esta noche las primeras palabras públicas de un nuevo dictador fascista-capitalista? ¿Es que su libro va a ser el nuevo Mein Kampf? ¡Me llena de angustia el pensar que en los libros de historia del siglo que viene, salga el nombre de mi librería asociado a la primera aparición pública de una abominación política!

“Shame on me”, que dirían los británicos.

 

Al final, el tipo se fue. Y entonces todas las cartas quedaron boca arriba: los compañeros de paisano vinieron con los que estábamos currando para reírnos todos a carcajada limpia del CAGADÓN que habíamos pegado trayendo a este tío, y el resto del auditorio, todos enjoyados y bien vestidos, se fueron CON ÉL, alabándole por su inteligencia, mientras él, satisfecho, decía “he hablado bien, verdad”. Sólo dos personas quedaron indefinidas, como no pertenecientes a ninguno de los dos grupos. Luego, uno de los cajeros me reveló con horror que esos dos habían sido los únicos oyentes auténticos de la presentación. Y le dijeron: “a ver si tenéis cuidado con lo que presentáis, porque vaya elemento…” Nos deshicimos en disculpas, claro, y vale, ha sido una de las cagadas más gordas que he cometido desde que soy librero. Pero lo que nos hemos reído toda esta semana a su costa no ha tenido precio.

Antes de la presentación el autor nos explicaba que había llevado su libro a Planeta para que saliera también en castellano y que le habían mandado al carajo. Lógico. Y eso que en Planeta publica hasta Aznar. Luego me miré bien la editorial que se lo había hecho en catalán y entonces me di cuenta de que era un sello de autoedición. Claro. Si ya lo había dicho él: PAGANDO, TODO ES MEJOR.

 

En fin, puedo reírme porque esta claro que este pobre hombre no llegará a ningún sitio.

Pero ahora ya sabéis, amigos libreros: antes de montar la presentación de un libro, leeros el contenido. No sea que un nazi-capitalista frustrado y loco quiera colaros sus increíbles ideas… y lo consiga, como lo consiguió conmigo.

 

            A cuidarse!!!

 

PD: Huelga decir que cada día me llegan cinco cubetas con novedades de cara a las fiestas Navideñas. Lo cual quiere decir que en breve habrá nuevo post comentando estos lanzamientos. Ya he localizado un thriller y un par de románticas con un aroma que… hmmm…

 

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13 comentarios

Antonia J Corrales -

Acabo de enlazarte en mi página de faceboock. He puesto este texto y tu vínculo y tu fotico:
"Aquí os dejo la dirección del blog de un amigo librero de Cataluña. Os aconsejo que le deis un vistazo, os prometo risas en cantidad y genialidad a tope. Literatura Torcida es de los mejores blog que he leído hasta la fecha, eso sí, debéis leerlo sin prejuicios, que son "mu" malitos. En serio, no os lo perdáis!!"

antonia j corrales -

Ah!!! voy a poner tu dirección de blog en el faceboock ahora mismo antes de cerrar la sesión, que ya voy de culo. Diré a mis coegas lo buenísimo que es, ya verás, ya. Ahora, eso sí, átate los machos, que muchísimos son escritores y otros editores jejeje, pero... gente como yo.
Besos nen.

Antonia J Corrales -

Me encanta volver a leerte, te lo juro. Eres único, me parto, es que me parto "toa" Deberías escribir un libro con todo esto, en serio.
A ver si me pones un e-mail, y me cuentas cómo vas.
Un besazo, mostruito!!

Anónimo -

Me encanta volver a leerte, te lo juro. Eres único, me parto, es que me parto "toa" Deberías escribir un libro con todo esto, en serio.
A ver si me pones un e-mail, y me cuentas cómo vas.
Un besazo, mostruito!!

Luisa -

Descubrí tu blog este verano... por favor... escribe más a menudo. ;)

Pablo -

Macho, sigue cagándola así, que nos divertimos mucho :)

Qué pena no haber estado en esa presentación...

Un abrazo.
Pablo.
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María -

Realmente genial, como siempre. Sigues amenizando mis largas noches de insomnio con una sonrisa. Me alegro mucho de que hayas sobrevivido a la campaña de libros de texto, a ver cómo se presenta Navidad.

PD: No nos hagas esperar mucho hasta la próxima.

Ereh er más grande -

Cuando hemos puesto "sagas" queríamos decir "sacas". Disculpad.

TnEnJn -

¡Jajajaja! Me he reído, de verdad, como hace tiempo que no lo hacía. A seguir en plena forma, y que nosotros te leamos.

Ereh er má grande -

Por favor, por favor, Maestro, tienes que comentar algo sobre la crítica que el "Dagens Nyheter" hace sobre "Tierras de frontera" de Thomas Kanger en edc. B
Y, por Dios por Dios por Dios, seguro que sagas algo bueno de el hecho de que la portada de "El ladrón de sombras" de Alexey Pehov sea igual a otra que seguro reconoces.
Como dice Ana que dicen en la tele, "eres nuestro fan"

Ana Iturgaiz -

¡Estas cosas se avisan para acudir! Estoy por pasarme yo a ver si hay suerte y me organizáis otra de esas. Prometo que lo mío no va sobre cómo solucionar la economía mundial en dos patadas.

Historia y Libros -

¡Qué bueno!
¡Cómo me he reído! He estado en unas cuantas presentaciones de libros, pero la tuya se lleva la palma. Lástima no haber estado ahí.
Gracias otra vez por las risas. Me encanta leerte.

felicita -

¡Cuanto me alegro de que hayas vuelto y en plena forma!

Pero lo siento, ese es un libro que no pienso comprar, hay demasiadas cosas interesantes por ahi para escoger. Seguro que tu me comprendes.
Un abrazo.
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